Beata transformó una vivienda destinada al alquiler de larga duración, junto a Matadero Madrid, a partir de tres ideas: amplitud, continuidad y luz.
La cocina se abrió al salón para aumentar la percepción espacial y los cambios de altura del techo permitieron diferenciar usos sin necesidad de compartimentar, mientras una paleta de verdes y rosas suaves, contrastada con elementos negros, aportó personalidad al conjunto.
El pavimento continuo terminó de conectar los diferentes ambientes y reforzó la sensación de unidad.