La distribución se reorganizó atendiendo al uso y a las condiciones de luz de cada zona, situando el comedor en el área con menor iluminación natural y reservando los espacios más luminosos para la vida diaria.
Cocina, salón y biblioteca se plantearon como tres ámbitos conectados, con continuidad visual y funcional, pero diferenciados por su uso, mientras una envolvente contenida y neutra permitió integrar la colección de arte y los libros como parte de la propia vivienda.